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“Progresando”

Hoy en día, la perspectiva del progreso es usada, especialmente en el mundo moderno, para sustentar la esperanza en un futuro caracterizado por la libertad, la igualdad y la justicia individuales.

Nisbet afirmaba que en un 99% de lo que se ha escrito sobre la idea de progreso, es un lugar común que esta idea es inseparable de la modernidad y que su formulación fue posible sólo después de que el pensamiento occidental pudo finalmente romper las cadenas del dogma cristiano y del pensamiento pagano clásico.

Platón también contribuyó a consolidar la idea de progreso. En El estadista, Platón traza un cuadro histórico del progreso de la humanidad desde sus oscuros orígenes primitivos hasta las cumbres más sublimes del pensamiento.

La ciudad de Dios, de San Agustín, ha sido llamada frecuentemente la primera filosofía completa de la historia del mundo, y sería difícil refutar tal afirmación. Aunque San Agustín estaba extasiado y dominado por la idea de Dios y del Espíritu Santo, su temprana educación pagana, durante la cual había leído apasionadamente a los pensadores griegos y romanos, le dio un sólido sentido de las maravillas del progreso material en el mundo.

Ya en el siglo XVIII encontramos en Alemania, Inglaterra, Francia y otros países muchas expresiones de la creencia en el progreso de la humanidad. Kant es el autor de una brillante y sugestiva obra titulada Idea de una historia universal desde un punto de vista cosmopolita, cuya idea central es el progreso de la humanidad. Vale la pena citar esta cita de las ideas contenidas en esta obra: “La historia de la raza humana, concebida como un todo, puede ser considerada como la realización de un plan oculto de la naturaleza para llevar a cabo una constitución política interna y también externamente perfecta, como el único estado en el cual todas las aptitudes implantadas por ella en la humanidad pueden desarrollarse plenamente.”

 Durante el siglo XIX la fe en el progreso alcanzó a ambos lados del Atlántico el status de una religión popular entre los miembros de la clase media, y fue considerada como una ley definitiva por amplios sectores de la intelectualidad. El Curso de filosofía positiva, de Augusto Comte es probablemente la más sistemática y minuciosa de todas las obras sobre el progreso escritas durante el siglo XIX. Para Comte, la esencia del progreso humano es intelectual. Comte sostiene que todas las disciplinas físicas han alcanzado jerarquía científica -la astronomía, la física, la química y la biología, en ese orden de evolución-, y que el tiempo está ahora maduro para la creación de una verdadera ciencia de la sociedad. En Alemania nos encontramos con Hegel y Marx. Para Hegel, la historia humana es “el desarrollo del espíritu en el tiempo”, y la esencia del espíritu hegeliano es “la libertad”. En su Crítica de la economía política, Marx escribe: “A grandes rasgos podemos calificar los métodos de producción característicos de la antigüedad, el feudalismo y la burguesía moderna como otras tantas épocas en el progreso de la formación económica de la sociedad”.

 En Inglaterra nos encontramos con  J. S. Mill y Spencer. Herbert Spencer fue probablemente el más conocido de los filósofos del progreso del siglo XIX, cuya fama se extendió a todo el mundo. Spencer dedicó su vida a demostrar el funcionamiento de las leyes del progreso en la naturaleza y en la sociedad humana. En su libro titulado Estática Social, Spencer expuso los principios rectores de su pensamiento. “El progreso no es, por lo tanto, un accidente, sino una necesidad. La civilización no es artificial: es una parte de la naturaleza, como lo es la formación del embrión, o el desarrollo de una flor”.

 En los Estados Unidos del siglo XIX, como lo documenta detalladamente David Marcel en su libro Progress and Pragmatism, el progreso era directamente una religión o el contexto de las religiones. Incluso el propio Emerson que solía criticar los valores norteamericanos, se preguntaba en su obra Progreso de la cultura: “¿Quién viviría en la edad de piedra o en la de bronce, en la de hierro o en la lacustre? ¿Quién no prefiere la edad del acero, del oro, del carbón, del petróleo, del algodón, de la máquina de vapor, de la electricidad o del espectroscopio?”.

Resumiendo, la idea de progreso, tal como la hemos conocido durante dos milenios y medio en Occidente, tiene múltiples significados. Puede significar, como para los griegos y los romanos, nada más que un avance de las artes y las ciencias, con los consiguientes beneficios para el bienestar humano, o, como para los cristianos, la marcha hacia un milenio final de perfección en esta tierra,  puede significar, como otrora para los Padres Fundadores de la Sociología y para sus hermanos espirituales de Francia e Inglaterra, la constante expansión del conocimiento, las instituciones libres y la creatividad, pero también significa el inexorable afianzamiento del estado político y los sistemas democráticos, la interferencia cada vez más acentuada del Estado en nuestras vidas individuales sumergidas en un periodo de profunda crisis, o el ascenso igualmente inexorable de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en nuestra vida social actual.

 ¿El actual destino del progreso en el siglo XXI? ¿Cuál será el futuro de la idea de progreso? ¡Descubrámoslo todos juntos….! Progresando. @elsociologo

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