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Archivar para el mes “septiembre, 2015”

“La autoridad”

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Lo normal no es notable. Lo que no es notable es indistinguible de otros. Cuando no hay distinciones, no hay nada distintivo, no hay forma.

Parece extraño que el desarrollo de un yo coherente estigmatice a otros, pero precisamente esto es lo que implica socialmente la autonomía. El presidente dice que respeta a sus empleados por su autonomía. Entonces volvamos su afirmación por pasiva; si no son autónomos, si como adultos sensibles lo advierten, si él cree que de hecho no se distinguen mucho, entonces no va a prestarles demasiada atención. La indiferencia que estigmatiza a quienes se perciben como carentes de autonomía se ve expresada también en las declaraciones de profundo desprecio.

Una persona bien educada y segura de sí misma puede cuidarse de si misma, es independiente, se distingue de la multitud; todas esas imágenes se expresan en el modismo idiomático de decir que esa gente – tiene “clase”. Son como faros. En cambio, las imágenes de quienes se hallan en la masa son de personas cuyos caracteres son tan poco notables y están tan subdesarrollados que no despiertan ningún interés. Se hallan en la sombra.

En un sistema de disciplina, el niño está más individualizado que la persona adulta, el paciente más que la persona sana, el loco y el delincuente más que la persona normal y la no delincuente. En cada caso, en nuestra civilización todos los mecanismos de individuación se vuelven hacia el primer elemento de esa serie de pares, y cuando uno desea individualizar al adulto sano, normal y respetuoso de la ley, siempre lo hace preguntando cuánto queda en el del niño, qué locura secreta yace en su interioridad, qué crimen fundamental ha soñado con cometer.

Richard Sennett 

Citando a Neruda sin mensaje de despedida  “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.” Notable disciplina. Jueguen!!! @elsociologo

Qué significa hablar (Extracto) P.B

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¿Qué quiere decir legítimo? Esta palabra es una palabra técnica del vocabulario sociológico que empleo a conciencia, ya que sólo las palabras técnicas permiten decir y, por tanto, pensar, y de manera rigurosa, las cosas difíciles.

Es legítima una institución, o una acción, o un uso que es dominante y desconocido como tal, es decir, tácitamente reconocido. El lenguaje que los profesores emplean, el que usted emplea para hablarme (alguien exclama: “iUsted también lo emplea!” por supuesto. ¡Lo empleo, pero me paso la vida diciendo que lo hago!), el lenguaje que nosotros empleamos en este espacio es un lenguaje dominante desconocido como tal, es decir tácitamente reconocido como legítimo. Es un lenguaje que produce lo esencial de sus efectos dando la apariencia de no ser lo que es. De ahí la pregunta: si es cierto que hablamos un lenguaje legítimo, ¿no se halla afectado por ello todo lo que podemos decir en este lenguaje, incluso aunque pongamos este instrumento al servicio de la transmisión de contenidos que pretenden ser críticos? Otra cuestión fundamental: este lenguaje dominante y desconocido como tal, es decir, reconocido como legítimo, ¿No se halla en afinidad con determinados contenidos? ¿No ejerce efectos de censura? ¿No hace difícil o imposible decir determinadas cosas? ¿No está hecho este lenguaje legítimo, entre otras cosas, para impedir hablar con franqueza? No debí decir “hecho para”.

(Uno de los principios de la sociología es recusar el funcionalismo de lo peor: los mecanismos sociales no son el producto de una intención maquiavélica; son mucho más inteligentes que los más inteligentes de los dominantes).  Pierre Bourdieu

“El conocimiento de las realidades conduce al realismo, Maestro” @elsociologo

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