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Archivar para el mes “mayo, 2014”

5 libros con el silencio como protagonista

“El sentimiento más profundo se revela siempre en el silencio.” (Marianne Craig Moore)

Hay quienes defienden que en todas las novelas el silencio es un personaje más, que entre palabra y palabra existe un vacío que se transforma en pensamientos, los que tienen cada uno de sus lectores. El silencio es fuente de inspiración e ideas, la musa de muchos escritores y el entorno perfecto para disfrutar de sus creaciones.

Coincidiendo con la campaña impulsada por Fundación Telefónica bajo el denominador común del proyecto ‘Mute‘ y la etiqueta #hazmute, recopilo cinco títulos en los que el silencio es protagonista.

El silencio del agua (José Saramago)

“No creo que exista en el mundo un silencio más profundo que el silencio del agua”. A orillas del río Tajo, durante una solitaria tarde de pesca, un niño está a punto de atrapar al gran pez. En el mismo momento en que pierde a su presa, comienza para él una conmovedora aventura que concluirá con el despertar de la lucidez. A partir de un recuerdo de la infancia, el Premio Nobel José Saramago elabora en El silencio del agua una fábula de extraordinaria belleza.

Diario del silencio (Manuela Lorente Lax)

La autora comenzó a escribir este libro hace tantos años que ni siquiera lo recuerda. “Han sido trozos de vida dormidos en el silencio”, explica. La adolescencia, el amor, el desamor, la tristeza, la nostalgia, la madurez, la soledad, el dolor, sueños, esperanzas… el vivir diario que comienza y termina siempre en el corazón.

El Palacio del Silencio (Javier Pelegrín y Ana Alonso)

ImagenEsta novela es la séptima entrega de ‘La llave del tiempo’, una serie que combina la fantasía y la ciencia ficción para crear un universo lleno de riqueza y atractivo. Fue galardonada entre ‘Los mejores libros para niños y jóvenes 2008’ por el Banco del Libro.

Camino hacia el silencio (Esteve Humet)

Partiendo de su experiencia en la práctica terapéutica y de su trabajo con grupos de meditación, Esteve Humet recoge en este libro ese camino hacia el descubrimiento del silencio interior. El objetivo del autor es ayudar al lector a encontrar la meditación y lo hace proponiendo una serie de ejercicios prácticos.

Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos)

La única novela de Luis Martín-Santos, que falleció en accidente de tráfico a los cuarenta años de edad, fue incluida en la lista de las ‘100 mejores novelas en español del siglo XX’ por el periódico El Mundo. Publicada en 1962, muchos estudiosos coinciden en señalar que esta obra rompió con el realismo plano de la época al utilizar el monólogo interior y la segunda persona o al escribir con un estilo indirecto muy libre.

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“Las palabras y las cosas” (Fragmento)

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” Hablar de “ciencias del hombre” en cualquier otro caso es un puro y simple abuso de lenguaje. Se mide por ello cuán vanas y ociosas son todas las molestas discusiones para saber si tales conocimientos pueden ser llamados científicos en realidad y a qué condiciones deberán sujetarse para convertirse en tales. Las “ciencias del hombre” forman parte de la episteme moderna como la química, la medicina o cualquier otra ciencia; o también como la gramática y la historia natural formaban parte de la episteme clásica. Pero decir que forman parte del campo epistemológico significa tan sólo que su positividad está enraizada en él, que allí encuentran su condición de existencia, que, por tanto, no son únicamente ilusiones, quimeras seudocientíficas, motivadas en el nivel de las opiniones, de los intereses, de las creencias, que no son lo que otros llaman, usando un nombre caprichoso, “ideología”. Pero, a pesar de todo, esto no quiere decir que sean ciencias. ” Michel Foucault

“Lo propio del saber no es ni ver ni demostrar, sino interpretar.” @elsociologo

Arthur Schopenhauer “El mundo como voluntad y representación” (fragmento)

9.4

“El mundo es mi representación: esta verdad es aplicable a todo ser que vive y conoce, aunque sólo al hombre le sea dado tener conciencia de ella; llegar a conocerla es poseer el sentido filosófico. Cuando el hombre conoce esta verdad estará para él claramente demostrado que no conoce ni un sol ni una tierra, y sí únicamente un ojo que ve el sol y una mano que siente el contacto con la tierra; que el mundo que le rodea no existe más que como representación, esto es, en relación con otro ser: aquel que le percibe, o sea él mismo. Si hay alguna verdad a priori es ésta, pues expresa la forma general de la experiencia, la más general de todas, incluidas las de espacio, tiempo y causalidad, puesto que la suponen.
(…)
El suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece.
(…)
El defectuoso parecer concerniente a la contradicción entre materialismo e idealismo podría quedar dilucidado mediante un diálogo entre la materia y el sujeto, un drama que también podría titularse “macrocosmos y microcosmos”:
El Sujeto: Yo soy, y fuera de mi no hay nada, puesto que el mundo es una representación mía.
La Materia: ¡Qué delirio tan osado!- Yo, yo soy, y nada hay fuera de mí. Pues el mundo es mi forma transitoria. Tú eres un mero resultado de una parte de esa forma y, por ello, eres algo casual y fortuito.
El Sujeto: ¡Cuan disparatada arrogancia!. Ni tú ni el mundo existiríais sin mí y a mi estáis condicionados. Quien haga abstracción de mí y crea poder seguir pensando vuestra existencia, da en concebir un tosco engaño; su existencia al margen de mi representación supone una inmediata contradicción, un hierro de madera. Ambas cosas están representadas por mí, mi representación es el ámbito de su existencia, y por ende, yo soy su primera condición.
La Materia: Afortunadamente la osadía de tus asertos será puesta muy pronto en su sitio y no merced a meras palabras; algunos instantes más y dejarás de ser nada en realidad, te hundirás en la nada junto con tu grandilocuencia, después de haberte columpiado transitoriamente cual una sombra espectral y correr la suerte de cada una de mis efímeras formas. Pero yo, en cambio, permanezco incólume y sin merma siglo tras siglo, a través del tiempo infinito, y presencio impávida el juego de las transformaciones de mis formas. 

Ambos: Así pues, estamos inseparablemente unidos como partes necesarias de un todo, el cual nos comprende a ambos y se halla por encima de los dos como un género superior. Sólo un malentendido puede enfrentarnos para que cada uno combata la existencia del otro, siendo así que la suya propia se mantiene o quiebra con ella. “

“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.” ¡Grande! @elsociologo

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