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Archivar para el mes “agosto, 2013”

“Esencia”

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Ni el concepto formal ni el concepto objetivo nos llevan a una idea satisfactoria de la “esencia”. El vocablo latino essentia es un término culto; es el abstracto de un presunto participio presente essens (esente) del verbo esse (ser).

Husserl siguiendo a Brentano, afirmaba que las esencias nada tienen que ver con las sustancias, porque la conciencia misma no es sustancia, sino esencia pura.

Llamamos esencia a lo que es una cosa real. La esencia está separada del hecho, por ser independiente de él; pero el hecho no está separado de la esencia, sino que por el contrario, remite a ella y se funda en ella; es en sí mismo inseparable de la esencia. La esencia es, pues, fundamento de la posibilidad de lo real.

La esencia como sentido no sólo es independiente de la realidad y fundante de ella, sino que además se basta a si misma.  Zubiri apuntaba a la esencia como el “único ente tal que no necesita de ningún otro para ser lo que es: puro sentido. Su ser es, pues, absoluto. La esencia no tiene ser absoluto ninguno; no es el ente que se baste a sí mismo para ser lo que es. Y esto es por una sencilla razón; porque como separada de la cosa, la esencia no es ente; como ser, sólo la cosa lo es. La esencia no es ente, sino sólo momento del ente único que es la cosa real. Por tanto, la esencia no reposa sobre sí misma; reposa sobre la cosa real, según ese modo de reposar en ella que es serla. De ahí que la esencia sea en sí misma algo perfectamente fáctico; no hay esencias que sean física y realmente inmutables y absolutas.”

La esencia es siempre y sólo esencia de la cosa real, y nada más: es un momento intrínseco de esta “esencialidad” y “facticidad” no son dos regiones de entes, dos clases de cosas, sino tan sólo dos momentos de toda realidad.

La esencialidad concierne al momento estructural de lo real, y no al sentido objetivo de el saber absoluto. Hegel apuntaba; “descubrir la esencia de algo es construir conceptualmente, especulativamente, los supuestos de su realidad; es re-engendrar la cosa. Y la cosa es algo real que pertenece al orden transcendental”.

Redescubriendo un poco más de  Aristóteles, Husserl, Hegel, Kant, Heidegger y sus realidades esenciadas @elsociologo

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“Saberes”

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Kuhn en su “Estructura de las revoluciones científicas” nos muestra que el conocimiento científico se distingue por su carácter consecuente, sistemático y previsor. Es uno de los tipos del conocimiento racional, por cuanto usa para su conformación un método que supone la información, la observación, la identificación de problemas, la formulación de hipótesis y la comprobación de la validez de éstas.

Una característica básica del conocimiento científico es la contrastabilidad con respecto a los hechos. Por tanto, podemos entender que las hipótesis, para ser científicas, tienen que ser contrastables.

Otro tipo de saber o conocimiento racional es el que se refiere a las especulaciones valorativas y a las explicaciones del sentido y destino del hombre en cuanto a su posición en el mundo. El saber filosófico que persigue, entre otros objetos, la identificación y demostración de valores permanentes que, independientemente del entorno histórico-social, han observado los individuos para su vida individual y social. El conocimiento filosófico se integra por lo metafísico, lo ético, lo metodológico y lo epistemológico.

Respecto al saber empírico, se trata de un conocimiento que establece entre un sujeto y el mundo exterior, producto de la apreciación subjetiva y sensorial del objeto. Los objetos empíricos son dados en la experiencia, a través de los órganos sensoriales. Estamos muy familiarizados con ella, nos rodean. Y en efecto, los conocemos en cuanto de ellos recibimos impresiones, sensaciones, formamos imágenes de ellos y podemos llegar a sus propiedades inmediatas (olor, sabor, color, etc). Este nivel de conocimiento o saber es llamado primario o vulgar. En definitiva, se trata simplemente de un conjunto de noticias acerca del mundo o una mera composición de informaciones societarias.

Finalmente, dentro del saber histórico recordemos que el conocimiento histórico debe proyectarse del presente hacia el pasado, por lo cual reviste un carácter retrospectivo. No se trata de que la problemática actual determine los temas de cada investigación especializada, sino que ésta condiciona la dirección general del pensamiento sobre la historia y su metodología.

Pues bien, ni el saber empírico, ni el filosófico, ni el científico, ni tampoco el saber histórico sirven, a día de hoy, para descubrir y conocer todas las miserias, falsedades y mentiras de otro tipo de saber oculto tan en boga en nuestra terrible actualidad político-social: “el arte político de saber mentir”. #shishishi Yo sí que sé… @elsociologo       

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