elsociólogo

online, offline @elsociologo

Día de la Madre: “madres solteras en sociedad”

La moral colectiva de los pueblos o grupos sociales, a medida que éstos avanzan en la comprensión científica y racional de los fenómenos diversos, es decir, en su culturización, pierde su rigidez intolerante e irracional y se enriquece abarcando actitudes, ideologías y comportamientos sociales que difieren de la norma imperante, sin ser por ello menos valiosos ni respetables. Pero, mientras en algunos campos, esta moral social evoluciona al compás del tiempo, en otros (especialmente en los relacionados con la sexualidad y, concretamente, con la femenina), conserva restos arcaicos que crean desfases y desniveles en lo que había de ser un desarrollo armonioso de la mentalidad colectiva y del pensar y proceder de sus componentes en la sociedad actual.

La discriminación que la mujer sufre con respecto al hombre a todos los niveles se agudiza en el caso de las madres solteras que, desde el momento en el que la sociedad les cuelga la etiqueta de marginadas, por el simple hecho de haber tenido un hijo fuera del cauce establecido. Muchas de ellas, se enfrentan con un futuro desolador plagado de marginaciones y restricciones, tendentes a impedir un auténtico desarrollo en todas las facetas de la vida personal y de relación humana, tanto de la madre como del hijo.

La Conferencia Internacional sobre los Derechos Humanos, reafirmando la Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, que ya había sido adoptado en 1967 por la ONU, especifica en su articulo 3.”: “Deberán tomarse todas las medidas apropiadas para educar a la opinión pública y dirigir las aspiraciones nacionales hacia el desarraigo de los prejuicios y la abolición de las costumbres y de cualquier otra práctica basada en la idea de la inferioridad de la mujer”.

 No obstante, ningún poder público se ha molestado en impedir que, hoy todavía, tener un hijo sea para algunas mujeres un drama aterrador, que les supone cambiar bruscamente de vida, romper con todo lo anterior y quedar para siempre marcadas, distanciadas, rebajadas en muchos de sus derechos, solas ante la responsabilidad, angustiadas por la presencia de un hijo a quien alimentar, cuidar, querer, proteger, desarrollar emocional y culturalmente y, sobre todo, educar en el ámbito vital.

 Esta monoparentalidad   es una de las realidades familiares que ha experimentado un mayor aumento en los últimos tiempos. Hemos de considerar que la mayor parte de las madres solas no eligieron serlo, a priori, sino que, de un modo u otro se encontraron en esa situación. Si seguimos a Slaikeu, estaríamos ante una de las “transiciones circunstanciales de la vida, que reunirían las características de ser accidentales, inesperadas y no normativas”.

Accidental e inesperado es, en muchos de los casos, el propio embarazo, e inesperada la ruptura o el abandono del padre. Y, en cualquier caso, no normativa resulta aún, en nuestro contexto, la crianza en solitario. Incluso alejándonos de las incompletas y tendenciosas perspectivas de déficit que han dominado durante no pocos años la investigación en este campo, lo cierto es que no parece que las condiciones de partida pronostiquen unas circunstancias fáciles para este tipo de familias.

 Enfrentarse a la sociedad con un hijo sin padre oficial es para cualquier mujer una situación difícil, cuanto más si ha seguido el largo proceso ya descrito de abandono afectivo y económico, por parte de familia y amigos, y, de estancia en una situación residencial más o menos traumatizante.

Su futuro y el de su hijo no resultan nada prometedores, especialmente en este tiempo de crisis sistémica realzada con valores de competitividad y estrategias de mercado que no auguran un buen momento para la conciliación de la vida laboral y familiar en solitario y sin o con muy escasa protección pública.

Con esfuerzo y voluntad política, no sería necesario “inventar” medidas nuevas, muchas de las cuales aliviarían la difícil situación de las madres solas, ya que están disponibles en algunos países industrializados, especialmente en los países nórdicos: pensiones por maternidad, planes específicos de empleo, horarios laborales compatibles con las escuelas y horarios escolares compatibles con los empleos, servicios que ayuden a que la enfermedad de un niño no supongan una debacle en la organización de la vida familiar de las mujeres monoparentales, viviendas asequibles que les permitan instalarse con independencia. Y, así, un largo etcétera que, hoy por hoy, parece alejado, no ya de la realidad de nuestro país, sino incluso del diseño de políticas familiares que deberían estar dando respuesta a éste y otros muchos colectivos sociales en riesgo de exclusión social  en cualquier parte de la cultura cívica, globalizada e industrializada que rige los destinos de las ¾ partes de nuestro planeta.

¿Seguimos en el 67? Desgraciadamente, nada parece indicar lo contrario.

 !!!Eternas y sempiternas promesas!!!.

 ¡!!Felicidades en tu día, Ser Universal!!!  “Madre no hay más que una” @elsociologo

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: