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Archivar para el mes “mayo, 2012”

Juventud e Ilusión en recesión

Históricamente, la “sociología de la juventud” ha quedado muy malograda por la tendencia hacia grandes formulaciones de alcance general.

En la perspectiva del ciclo vital (presente en diferentes ciencias sociales), la sociología, muy avezada en «psicoanalizar» el malestar social, ha tenido un interés muy explícito por interpretar las especificidades del rol de joven y la relación entre padres e hijos, en un contexto social de modernidad, de industrialismo y urbanismo en un entorno general de globalización.

 El análisis sociológico, así, versa sobre las distancias entre los logros psicofísicos en la pubertad y el retraso en asunción de responsabilidades sociales plenas. Es decir, plena fuerza física y de líbido sexual versus distancia de reconocimiento social de adultez a causa de la formación escolar general y prolongada, la prioridad de la ocupación laboral estable, el matrimonio como forma de vida en pareja o la preparación del hogar entre otros aspectos.

 Según esta manera de representar el hecho juvenil, en muy poco tiempo los jóvenes conseguirían estatuto de adulto en términos físicos (madurez sexual y plena atribución de fuerza física, principalmente), pero serían expropiados del acceso al mundo de los adultos hasta al cabo de unos años (profesión definida, vivienda propia, matrimonio de elección, nupcialidad formalizada, formación profesional y un largo etcétera por construir).

 Por todo esto, en la perspectiva del ciclo vital se ve un marcado carácter negativo en favor de los roles y estatus de adultez: los jóvenes son pensados desde la indeterminación y la moratoria en la toma de roles. La negatividad, expresada así, tiene dos traducciones: como una compulsión acusadora («¡Qué mal se portan los jóvenes!») o como una compulsión exculpatoria («¡Pobres jóvenes»). En ambos casos, sin embargo, se acaba considerando que el mundo de los jóvenes es extraño al mundo de los adultos: poco comprensible, poco entendedor, poco justificable; desconocido, sin «oficio ni beneficio», sin techo, sin raíces, sin estabilidades. En cualquier caso, ambas concreciones (acusatoria o exculpatoria) respaldan la idea de que los jóvenes forman generaciones en tensión con los adultos.

 La segunda perspectiva sobre juventud se focaliza en el hecho «generacional», sobre todo desde el conflicto entre generaciones de jóvenes y adultos, máxime cuando se eleva la juventud a la categoría de «nueva clase social ascendente y revolucionaria». Ayer mismo, las redes sociales recogían a través de #hastags tipo #12M15M, #12MGlobal, #GlobalRevolution nuevos trending topics (TT) de las diferentes manifestaciones celebradas a escala mundial en defensa y, por supuesto, en conflicto permanente de los derechos sociales societarios, económicos y culturales de nuestra juventud y de diferentes clases sociales indignadas con los actuales sistemas gubernativos, en este tiempo de recesión y perpetua moratoria de los mercados.

 Esta perspectiva de las  “generaciones”, se basa en cuatro aspectos: la descripción de las rupturas, la propuesta de la diferenciación de las subculturas juveniles, la hipótesis entorno del narcisismo radical de los jóvenes y la consideración de la «juventud positiva».

 En resumen, la presentación de la confrontación generacional siempre ha tenido adeptos y mucho eco y una constante: las generaciones de jóvenes parece que están fuera o al margen de la estructura social.

 El entorno social del joven (básicamente constituido por el «grupo de iguales », los grupos de amistad y los referentes culturales) también tiene una presencia importante, al modificar (positivamente o negativamente) las oportunidades y las tomas de decisiones. Los entornos son complejos y muy variables, y su impacto resulta de difícil medida en un país España que, en el momento actual, se encuentra en un periodo de recesión con una tasa disparada del más del 50% de desempleo juvenil.

 La ilusión miles de jóvenes globalizados y localizados por un mundo más justo e igualitario continúa perdurando al igual que perdura su “espíritu de conquista”.

¿Por cuánto tiempo? Difícil, muy difícil respuesta; “el futuro laboral queda en posición de bloqueo”.

Y el tiempo, estimada política, siempre alcanza su “fin”.

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Día de la Madre: “madres solteras en sociedad”

La moral colectiva de los pueblos o grupos sociales, a medida que éstos avanzan en la comprensión científica y racional de los fenómenos diversos, es decir, en su culturización, pierde su rigidez intolerante e irracional y se enriquece abarcando actitudes, ideologías y comportamientos sociales que difieren de la norma imperante, sin ser por ello menos valiosos ni respetables. Pero, mientras en algunos campos, esta moral social evoluciona al compás del tiempo, en otros (especialmente en los relacionados con la sexualidad y, concretamente, con la femenina), conserva restos arcaicos que crean desfases y desniveles en lo que había de ser un desarrollo armonioso de la mentalidad colectiva y del pensar y proceder de sus componentes en la sociedad actual.

La discriminación que la mujer sufre con respecto al hombre a todos los niveles se agudiza en el caso de las madres solteras que, desde el momento en el que la sociedad les cuelga la etiqueta de marginadas, por el simple hecho de haber tenido un hijo fuera del cauce establecido. Muchas de ellas, se enfrentan con un futuro desolador plagado de marginaciones y restricciones, tendentes a impedir un auténtico desarrollo en todas las facetas de la vida personal y de relación humana, tanto de la madre como del hijo.

La Conferencia Internacional sobre los Derechos Humanos, reafirmando la Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, que ya había sido adoptado en 1967 por la ONU, especifica en su articulo 3.”: “Deberán tomarse todas las medidas apropiadas para educar a la opinión pública y dirigir las aspiraciones nacionales hacia el desarraigo de los prejuicios y la abolición de las costumbres y de cualquier otra práctica basada en la idea de la inferioridad de la mujer”.

 No obstante, ningún poder público se ha molestado en impedir que, hoy todavía, tener un hijo sea para algunas mujeres un drama aterrador, que les supone cambiar bruscamente de vida, romper con todo lo anterior y quedar para siempre marcadas, distanciadas, rebajadas en muchos de sus derechos, solas ante la responsabilidad, angustiadas por la presencia de un hijo a quien alimentar, cuidar, querer, proteger, desarrollar emocional y culturalmente y, sobre todo, educar en el ámbito vital.

 Esta monoparentalidad   es una de las realidades familiares que ha experimentado un mayor aumento en los últimos tiempos. Hemos de considerar que la mayor parte de las madres solas no eligieron serlo, a priori, sino que, de un modo u otro se encontraron en esa situación. Si seguimos a Slaikeu, estaríamos ante una de las “transiciones circunstanciales de la vida, que reunirían las características de ser accidentales, inesperadas y no normativas”.

Accidental e inesperado es, en muchos de los casos, el propio embarazo, e inesperada la ruptura o el abandono del padre. Y, en cualquier caso, no normativa resulta aún, en nuestro contexto, la crianza en solitario. Incluso alejándonos de las incompletas y tendenciosas perspectivas de déficit que han dominado durante no pocos años la investigación en este campo, lo cierto es que no parece que las condiciones de partida pronostiquen unas circunstancias fáciles para este tipo de familias.

 Enfrentarse a la sociedad con un hijo sin padre oficial es para cualquier mujer una situación difícil, cuanto más si ha seguido el largo proceso ya descrito de abandono afectivo y económico, por parte de familia y amigos, y, de estancia en una situación residencial más o menos traumatizante.

Su futuro y el de su hijo no resultan nada prometedores, especialmente en este tiempo de crisis sistémica realzada con valores de competitividad y estrategias de mercado que no auguran un buen momento para la conciliación de la vida laboral y familiar en solitario y sin o con muy escasa protección pública.

Con esfuerzo y voluntad política, no sería necesario “inventar” medidas nuevas, muchas de las cuales aliviarían la difícil situación de las madres solas, ya que están disponibles en algunos países industrializados, especialmente en los países nórdicos: pensiones por maternidad, planes específicos de empleo, horarios laborales compatibles con las escuelas y horarios escolares compatibles con los empleos, servicios que ayuden a que la enfermedad de un niño no supongan una debacle en la organización de la vida familiar de las mujeres monoparentales, viviendas asequibles que les permitan instalarse con independencia. Y, así, un largo etcétera que, hoy por hoy, parece alejado, no ya de la realidad de nuestro país, sino incluso del diseño de políticas familiares que deberían estar dando respuesta a éste y otros muchos colectivos sociales en riesgo de exclusión social  en cualquier parte de la cultura cívica, globalizada e industrializada que rige los destinos de las ¾ partes de nuestro planeta.

¿Seguimos en el 67? Desgraciadamente, nada parece indicar lo contrario.

 !!!Eternas y sempiternas promesas!!!.

 ¡!!Felicidades en tu día, Ser Universal!!!  “Madre no hay más que una” @elsociologo

1º Mayo: Movimientos Sociales en Red (Nuevos Medios)

En las sociedades modernas ha existido una amplia variedad de movimientos sociales, unos persistentes y otros transitorios, además de los que han conducido a la actividad revolucionaria. Los movimientos  sociales son una característica del mundo contemporáneo tan evidente como las organizaciones formales y burocráticas a las que con frecuencia se oponen.

Un Movimiento Social puede definirse como un intento colectivo de luchar por un interés común o de garantizar que se alcanza un objetivo compartido, mediante una acción colectiva que tiene lugar al margen de la esfera de las instituciones establecidas. Según Giddens, “los movimientos sociales tienen un interés doble para el sociólogo. Proporcionan un objeto de estudio y, lo que es más, ayudan a cambiar la manera que tienen los sociólogos de mirar ciertas áreas de comportamiento” (sociology; p. 646) .En sociología, “el estudio de los movimientos sociales suele distinguir entre las investigaciones sobre la movilización de los trabajadores y las que versan sobre otros movimientos sociales“.

El término movimiento social (MS) fue introducido al vocabulario académico por Lorenz von Stein en 1846 ( “Historia de los Movimientos Sociales Franceses desde 1789 hasta el Presente (1850)” .Otra de las definiciones de movimiento social que nos encontramos es “la agrupación no formal de individuos u organizaciones dedicadas a cuestiones socio-políticas que tiene como finalidad el cambio social”. Surgen como modos de organización de todo tipo de colectivos y clases sociales (desde las élites hasta los marginados), a veces identificados con un campo político, más o menos concreto, y, en otras ocasiones, de forma interclasista y multipartidista.

Algunos ejemplos de estos movimientos son el movimiento feminista, el movimiento ecologista, el movimiento obrero, el movimiento pacifista o antimilitarista, y, más reciente en su surgimiento, el movimiento okupa y el movimiento antiglobalización.

 A la vez que la globalización afecta los repertorios de acción con miras a la internacionalización de programas, identidades y demandas, los Nuevos Medios se valorizan aceleradamente como plataforma preferida para consolidar y proponer todo tipo esquemas organizativos y modelos de acción colectiva propios del movimiento social.

En muchos casos, “los Nuevos Medios se presentan como una oportunidad única de consolidar espacios de comunicación alternativos a los tradicionales y de rescatar la dimensión performativa de la comunicación versus su mercantilización y estandarización en los Medios Tradicionales. Ello sin hablar de las posibilidades a la hora de movilizar ideas en un marco más amplio que el local” (Castells,1999).

 Muchos estudios existentes en materia de Movimientos Sociales coinciden en que la apropiación y uso autónomo de Internet resulta crucial a la hora de cohesionar comunidades (Rauch, 2007) y movilizar sus ideas (Castells 1999), mediante el fomento de nuevas prácticas comunicativas contra el disciplinamiento de los usuarios (Sampedro,2006) y la formación en el uso de herramientas informáticas para la acción social y la democratización de las políticas de comunicación (Viser, 2007).

 En España, aunque el panorama es menos prolífico que en otros países, también existe una creciente bibliografía al respecto. Ángel Calle, defiende la “emergencia de una nueva cultura de movilización” que mantendría una vinculación constructiva con los movimientos previos y surgiría a partir de unas oportunidades políticas (la globalización y la persistencia de redes de protesta), mediáticas (Internet) y culturales (la postmodernidad y una cultura local y antiautoritaria), apostando por democratizar la globalización frente a las desiguales interrelaciones sociales marcadas por los mercados.

 Salvador Martí ha insistido en encuadrar a los movimientos de resistencia global en el marco de la globalización y la sociedad de la información,  señalando su actuación en ámbitos micro y macro, a partir de posiciones  reactivas y proactivas, siendo sus mayores éxitos, por el momento, simbólicos en los diferentes Gobiernos.

 Por tanto, a raíz del contacto entre movimientos sociales y nuevos medios, se puede hablar de un modelo comunicativo de carácter: horizontal, pedagógico, creativo y democrático, pues conciben sus acciones como herramientas de cambio social, de poder ciudadano y de reapropiación de la vida política por parte de la sociedad civil. Como ejemplo, el último “arrepentimiento real”, consecuencia de la indignación pública reflejada por la ciudadanía en las redes sociales. Ello, viene no sólo a demostrar, sino también a confirmar, al 100%, el inmenso papel que juegan las redes sociales en la participación y cambio en la vida política y pública de un determinado país, sustituyendo así a los diarios de tirada nacional que, en palabras de Cebrián, “ya no vertebran la opinión pública” (El país,22/04/12). Sin duda, es el ejemplo más significativo pero existen, que duda cabe, numerosos ejemplos donde las nuevas plataformas sustituyen, en poco tiempo, a los medios tradicionales en papel y a los medios gubernamentales dirigidos sin consenso político. (Último ejemplo autoridad parlamentaria; RTVE).

 La idea de que la ciudadanía ha de ser protagonista del desarrollo de un país ha marcado todo el trabajo de la cultura participativa. Desde hace mucho tiempo, se han producido conflictos entre los trabajadores y quienes tienen autoridad económica y política sobre ellos.  El estado de la participación ciudadana se convierte, así, en un claro indicador de la salud democrática de una sociedad, lo cual me lleva a plantear como cuestión final la siguiente duda:

¿Tú dónde estás: ¿En  Movimiento Social o en el Nuevo Medio? + follow

 1º Mayo 2012

@elsociologo DEMANDING THE RIGTH TO WORK

 

 

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